
Humea. No da más.
Esté depósito verde y corrosivo que hierve anticongelante es nuestro corazón que detuvo el motor a mitad de la noche y caminas sobre las heridas tablas del muelle. Me llamas.
-¿Sientes el temblar bajo tus piernas?
-Es el mar -
-No. Es la furia que rumia nuestra sangre – respondes
Sé lo que piensas, sé que desearías como yo que esto fuera un comercial que desvanece a negro mientras sube el volumen de una música lejana, casi submarina, pero algo tenemos que hacer con el coche.
Compartimos esta confusión abrumadora y nos odiamos por las millas que nos separan de casa. Por las hornillas de gas que dejamos abiertas. Por el momento en que corríamos juntos y escuchamos cómo estalló nuestro hogar convirtiéndose en un HONGO DE FUEGO. Pero a mí me basta con mirar tus labios y escuchar tus palabras.
Y la cabeza. Tu cabeza, y este silencio intermedio con que molimos letras indelebles en el medio de nuestros cuerpos, y esta tensión, y este suave calor que llamamos piel, tu piel, mi piel y nos odiamos por compartir la sangre, por hacer de la velocidad nuestro destino. De intensidad a intensión gravedad cero. Terminaremos MOLIDOS contra el piso de las olas y todo lo que queremos es reconciliarnos en los cuchillos, en las llamas. Me pedirás que te encienda un cigarro. Pídeme A. Pídeme B. Aceptaré antes que tu boca mencione algo. Pídeme tirar el auto que robamos al mar con nosotros adentro – abróchate el cinturón mi vida – sí miamor- Aceptaré. Y preguntarás si traje la carnaza, el cebo, las cabezas de pescado, pero las olvidé, olvidé las cubetas llenas de sangre. Sí, lo sé, lo sé. Sabes que así no habrá tiburones que despedacen nuestros cuerpos, ni mantarrayas mañana por la mañana, ni pirañas, ni conchitas ni estrellas de mar que queden atrapadas entre nuestras costillas como redes extraviadas en el océano.
Dices algo mordiendo el cigarro en los labios. Te acerco fuego y empezamos a empujar
__________________________>>ANTES






